Viernes:En la mañana salgo cabizbajo de otra reunión más en donde los vientos soplan en contra. Nada parece cambiar el panorama en mi actual trabajo. Me lo advirtieron: “
vas a tener que sufrir un poco, tener cuero de chancho porque te van a llegar críticas, pero ya te vas a acostumbrar”. Menos mal que ahora puedo, al menos, fumarme un cigarro tranquilo en la pequeña plaza del frente. Hace tiempo que no fumaba de día.
En la tarde parto rumbo al El Golf a cortarme el pelo, sacarme la mierda y sentirme más liviano. No alcanzo a llegar a Providencia cuando veo que una señora cae al piso. Desmayo. Junto a otro individuo la levantamos, la recostamos sobre una banca, ante lo cual ella recobra inmediatamente el conocimiento. Tiene fatiga y se le nota. Corro al kiosko y compro una Kem Piña, de las pequeñitas, para que ingiera un poco de azúcar. Al principio se siente mejor, luego lo vomita todo, con dolor de por medio. Llega más gente, mientras yo cuido sus pertenencias le toman la presión. No entiendo bien lo que pasa, pero espero 10 minutos más, y cuando esboza su primer síntoma de alivio, me retiro.
Salgo del peluquero. No me gusta mucho hablar mientras me cortan el pelo. Prefiero callar y pensar en cosas descabelladas, pero él insiste y no me queda otra que ocupar monosílabos. Ahora ya estoy en la calle. Son las 5 y no he almorzado. Tomo metro y me bajo en Pedro de Valdivia. Almuerzo unos ravioles muy fomes en la Pizza Napoli. En eso llega mi hermana con los remedios. Se sienta al frente un par de minutos, observa mi comida, se para y se despide.
Salgo, camino un poco y casi choco con un improvisado tarotista que intenta a duras penas saber qué le va a a pasar en el futuro a una niña que fue guía turística de nosotros, con la Nudito, cuando fuimos a Sewell. Me reconoce, se ríe, conversamos brevemente para no interrumpir la inspiración del estafador, y nos despedimos. Ahora voy en el metro nuevamente. Me encuentro con la P. Me habían dicho que no estaba bien pero no pensé que fuera tanto. Me cuesta un poco reconocerla. Está muy delgada pero a medida que los túneles pasan sobre nosotros ella se va mostrando un poco más viva, con una sonrisa un levemente esperanzadora.
Me voy a la universidad a hacer clases. Es viernes pero no estoy feliz porque mañana sábado me toca dictar seminario de Dreamweaver y no he logrado planificar nada. Me preocupa mi desorden, mi falta de planificación.
Sábado:A las 8:30 ya estoy en pie, con un liviano desayuno en el cuerpo. Pesco el Cacique y me voy raudo a Providencia. Me esperan más de 20 personas ávidas por iniciarse en el mundo del Desarrollo Web. Comienzo algo nervioso. Hace un año que no dictaba este seminario. He dormido apenas 3 horas pero sé que me la puedo. Porque lo hago todos los meses... o casi todos. Ya me sé el speech de memoria, sólo que esta vez le pongo humor. Me siento mejor y comienzo a hablar más fuerte, con convicción, con una cuota de seducción y entusiasmo. Resultado: aplausos, felicitaciones, fotos y preguntas del tipo “¿cuándo vas a dictar otro?”, "¿te puedo escribir si tengo dudas?".
Me encuentro con la Ticha. Conversamos un rato. Ella estaba en el otro seminario. Ya sabe lo que yo estaba enseñando al otro lado del muro. Me voy a la casa, almuerzo rápido y duermo. 3 ó 4 horas. Me lavanto, me ducho y... a carretear!!
Domingo:Poco pude dormir. Me acosté de día. Estoy con un poquito de caña, pero el asado al disco que prepara mi tío levanta (o mata) a cualquiera. Siento el apuro y la adrenalina que todo hincha del fútbol siente antes de salir apurado camino al Estadio Monumental.
Vamos en el auto de mi tía. Un poco atrasados pero bien. Estacionamos en el mall y caminamos a paso firme entre decenas de miles de camisetas blancas. Somos locales. Producto de la prisa nos separamos un poco entre nosotros. Vuelvo bruscamente en mí cuando mi tía me grita “
¡¡me robaron!!”...”
allá va, persíguela!!”. Una pendeja ladrona (ocuparía otro calificativo) había intentado robarle la cartera a mi cuñada, y luego le arrebata 2 entradas a mi tía. Corro entre la multitud. La alcanzo rápidamente. Pero es hábil. La tierra la beneficia más a ella. Resbalo, compito, la alcanzo. La tiro al suelo y de la nada veo mucha gente pateándome, pegándome, tironeando. Me cubro la cara cuando veo un tipo empinando un palo. Me pega pero no lo siento. Menos mal que era de cartón, de otra forma no estaría escribiendo esto.
Me incorporo y con la ayuda de mi hermano y carabineros la alcanzo de nuevo. Ya está bajo el control de la autoridad. Ahora sólo me falta el pelirrojo... ese picante de mierda que me hizo zancadillas y me arrojó manotazos mientras corría, coludido con la ladrona. Nos suben a todos (mi tía y mi cuñada también) a la cuca... con la diferencia que ellos van atrás, como los matones, y nosotros adelante, como las víctimas. Qué manera de ser real y feo todo lo que pasa a mi alrededor.
Termina el primer tiempo y todavía estamos en el retén móvil haciendo las denuncias y dejando las constancias. Lo peor de todo es que, en la trifulca, alguien me sacó el banano. Mi preciado banano de cuero con mis llaves del auto, de la casa, otras cosas... y, una vez más, MI CELULAR!!! Intento no creerlo pero es verdad. La impotencia me sonríe, me derrota.
Finalmante entramos justo en el momento en que Colo Colo se pierde un penal. No importa, Suazo compone las cosas y nos deja 2-0 arriba. Es un show. Un baile. Yo... lleno de tierra y algunos rasguños y moretones. Colo Colo le cede terreno a la UC (para ser objetico, les entrega toda la cancha) para que ellos se lleven el triunfo con fáciles 3 goles.
Tarde maldita. Fin de semana ajetreado. Mañana es lunes otra vez...